Historia El consumo de tabaco ha pasado de constituir en la época precolombina un acto ritual de los nativos a un gran negocio transnacional con facetas oscuras y hasta perversas de nuestros días.
¿Qué factores confluyen para que se haya producido este fenómeno? Es cierto que han confluido importantes condicionantes tales como la revolución industrial del siglo XIX al permitir que se produzcan cigarrillos en forma masiva, las guerras del siglo XX que incluyeron al tabaco como parte del rancho del soldado, las poderosas corporaciones transnacionales ávidas de ganancias y dispuestas a casi todo para lograrlo, el atraso de la ciencia en hacer evidente las consecuencias sobre la salud, la poca y tardía respuesta de los gobiernos ante un problema sanitario de estas dimensiones. Pero ninguno de tales factores es suficiente para explicar plenamente el fenómeno excluyendo la capacidad de generar dependencia que viene asociado al fumar tabaco.
Triple dependencia En la actualidad se describe al tabaquismo como una triple dependencia:

donde el principal condicionante es una sustancia psicoactiva llamada nicotina que actúa sobre una zona particular del cerebro que está relacionada con los mecanismos de placer y las recompensas. Algunas características de los efectos de la nicotina en el organismo y la administración por fumar la hacen particularmente adictiva, de manera tal que poco tiempo después de iniciar el consumo regular resulta difícil abandonarlo. El fumador aprende a reconocer un doble mecanismo de recompensa “si fumo y me siento bien” (placer, sedación, memoria, etc.) y “no fumo y me siento mal” (síndrome de abstinencia) y lo acepta como parte de su vida.
Paralelamente, el fumador comienza un complejo proceso de inconsciente asociación de los actos relacionados al fumar, que incorpora a su rutina cotidiana. Y así, termina necesitando y disfrutando de estos rituales, aún antes de consumir el cigarrillo. Estas dos formas de dependencia pueden medirse pero la influencia del entorno social, aunque menos evidenciable, es trascendental.
Los estudios de poblaciones ponen de manifiesto que los fumadores tienden a agruparse socialmente, por ejemplo: los estudiantes fumadores conviven entre ellos - hay subgrupos poblacionales con mayor frecuencia de consumo -; las mujeres fumadoras tenderán a tener parejas fumadoras y también a propagar el consumo a los hijos - padres fumadores tienen más probabilidades de tener hijos consumidores -; y los jóvenes con amigos fumadores fumarán con mayor frecuencia.
Por lo tanto, se describe como dependencia social al condicionamiento de la conducta grupal, que tienen incorporado fumar como una conducta “normal”. De esta manera, favorecen el consumo sobre los integrantes del mismo conjunto. Esta triple dependencia se instala temprano en la adolescencia y se reafirma con cada día de consumo, recibiendo además de los efectos relacionados a la nicotina una amplia gama de consecuencias sobre la salud que van desde mal aliento hasta enfermedades mortales.
Los fumadores suelen considerar “aceptables” estos efectos condicionados por la adicción, dado que los resultados serios sobre la salud tardan varios años en aparecer. De este modo, los adolescentes que se inician en el consumo “reciben sus beneficios” y perciben que a ellos no les afectará, imposibilitados de advertir esta dimensión temporal, afirmando su adicción a la nicotina. |