Humo de tabaco

En la composición química del tabaco se han identificado cerca de 4,000 sustancias, de las cuales, alrededor de la mitad se encuentran originalmente en las hojas y las restantes son producto de reacciones químicas durante la combustión. Además, en el tabaco procesado se encuentran componentes químicos que se introducen durante el proceso de cura y otros más que son agregados por los productores para darle un sabor especial o calidad.
Básicamente, estos componentes se agrupan en gases y partículas sólidas, pero la proporción de cada uno de éstos en el aire que inspira el fumador está sujeta a variables como:

La fase gaseosa contiene varios compuestos tóxicos:

Entre las partículas sólidas se encuentran la nicotina y el alquitrán, una mezcla de hidrocarburos aromáticos policíclicos muchos de los cuales son carcinógenos. El contenido de alquitrán de un cigarrillo es de 0.5 a 35 mg y el de nicotina de 0.5 a 2 mg, pero un cigarro puede ser de hasta 100 mg. La dosis letal para un adulto de 70 kg no fumador es de 60 mg de nicotina.
Al aspirar el humo profundamente se puede absorber hasta el 90% de la nicotina, mientras que si sólo pasa por la boca esta cifra se reduce al 20 ó 35%. La nicotina inhalada llega al cerebro en menos de 10 segundos.
El fumador no solamente se expone a los riesgos sino que al generar humo de tabaco, este se esparce en el ambiente (humo de tabaco ambiental o HTA) y es inhalado en forma involuntaria por los no fumadores y por ellos mismos mientras no están fumando. Este humo de tabaco ambiental genera peligros sobre la salud de quienes comparten este ambiente.