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Nicotina
La nicotina es un alcaloide natural líquido incoloro que se torna pardo ante la exposición al aire, de olor característico y sabor picante, que actúa sobre el sistema nervioso en forma amplia y compleja. Compite con el neurotransmisor, la acetilcolina, de ciertos receptores que por esta particularidad se los llama receptor nicotínico de manera que las dosis elevadas alteran profundamente el funcionamiento del sistema nervioso induciendo convulsiones, coma y muerte. Por esta acción, se lo usó como insecticida y es posiblemente un mecanismo de defensa de la Nicotiana Tabacum.
Los efectos de dosis menores son reconocidas ampliamente: favorecer el tránsito intestinal, aumentar la secreción de saliva y moco, los latidos cardíacos y la tensión arterial.
Los más intensos son sobre el sistema nervioso central: placer, disminuye el apetito, la tensión y la ansiedad, mejora el humor, los sentimientos depresivos, mejora el rendimiento intelectual y la memoria.
Todos estos efectos dependen de los altos niveles de nicotina en sangre y son a corto plazo de manera que para percibirlos los fumadores deben mantenerse consumiendo.
Otra particularidad de la nicotina es que el organismo tiene tolerancia. Esto significa que para lograr los mismos efectos se necesitan mayores dosis, requiriendo entonces mayor consumo. Y ante la falta de la droga, luego de 4 horas, sobrevienen manifestaciones desagradables como irritabilidad, ira, ansiedad, inquietud, insomnio, aumento del apetito, sentimientos depresivos o de frustración, dificultad de concentración y urgencia por fumar (Síndrome de Abstinencia).
Los efectos “benéficos” al fumar y las manifestaciones de abstinencia al dejar de consumir refuerzan la conducta de fumar y se conoce como el mecanismo de doble recompensa (“fumo y me siento bien / no fumo y me siento mal”) |