Si se mantienen los patrones actuales de consumo de tabaco, alrededor de 500 millones de personas morirán por esta causa, la mitad son los niños y jóvenes de hoy. Se proyecta que el tabaco constituirá la principal causa de muerte de la primera mitad del milenio ya que estos pronósticos auguran que



La proyección equivale a 10 millones de defunciones anuales, cifra superior a la debida a cualquier otra causa y si bien hasta hace poco tiempo esta epidemia de enfermedades crónicas y muerte prematura afectaba fundamentalmente a los países ricos, en la actualidad se está desplazando con gran rapidez al mundo en desarrollo. Se calcula que ya en el año 2020, 7 de cada 10 muertes causadas por el tabaco ocurrirán en los países de ingreso medio y bajo.

El tabaquismo a diferencia de otras amenazas sanitarias conlleva una dimensión económica poco considerada hasta los últimos años. El tabaco, a pesar de las fuertes evidencias del daño que ocasiona sobre la salud, se comercializa en forma legal y universal y constituye un negocio muy rentable cuya producción, comercialización y consumo se consideran recursos económicos y sociales legítimos tanto de países desarrollados y en desarrollo. Las distintas formas de uso como cigarrillos, cigarros, tabaco de pipa, snus (tabaco humedecido que se coloca entre el labio superior y la encía) y tabaco de mascar son objeto de demanda por los consumidores y forman parte de los hábitos sociales de muchas culturas. La publicidad y sus restricciones son un aspecto significativo a tener en cuenta.

Por lo expuesto, los aspectos económicos del consumo de tabaco son factores principales en cualquier debate sobre el tabaco y las consecuencias sobre la salud y que pueden tener tres puntos de vista:

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Gobierno
Desde la mirada de los gobiernos con frecuencia se teme que las políticas de control del tabaquismo, disminuir la oferta o la demanda, signifiquen perdidas masivas de puestos de trabajo, ver disminuido sus ingresos impositivos y/o un aumento del contrabando con las derivaciones del comercio ilegal.
A estos argumentos se le oponen las costas de los gastos directos en salud por las enfermedades causadas por el tabaco, por perdidas de productividad económica e impacto social generadas por enfermedad, incapacidad o muerte. Suelen olvidarse los costos sobre el fumador pasivo, las perdidas de potencialidad productiva que sufre un país derivadas de las muertes anticipadas de sus habitantes fumadores y otros costes intangibles o no valorados plenamente (muertes anticipadas de trabajadores entrenados, perdida de jefes de familia, asignaciones presupuestarias ineficientes condicionadas por el fumar, seguros, incendios, derivación del consumo, etc.).

Productores
En la perspectiva de los productores/proveedores, la ecuación se resumiría en la esfera comercial donde el único objetivo sería la obtención de beneficios monetarios. Sin embargo,  el escenario es más complejo desde el momento que la cadena de producción y comercialización esta conformada por distintos actores cuyas perspectivas pueden variar.
Mientras para los agricultores que plantan tabaco puede ser su única forma de sustento primario, a las compañías tabacaleras transnacionales le genera enormes montos de ganancias para lo que desarrollan complejas estrategias de venta a lo largo de todo el mundo. Entre las mencionadas, se destacan las intencionales distorsiones de información para los consumidores que convergen en conflictos éticos y morales que reclaman la intervención de los estados nacionales.

Individuos
La representación económica del consumidor suele abstraerse a un modelo de racionalidad con asimetrías de información y una externalidad generada en los demás por el fumar. Sin embargo, los efectos del humo de tabaco ambiental y la adicción a la nicotina con sus determinantes biológicos generan condicionamientos en las decisiones de los individuos que hacen a este modelo poco valido por simplista y exiguo.